Idealizando

Es algo inherente a la persona: el pavor a los cambios.

Todo lo que signifique cambio, mover algo en el orden establecido, aun conscientes de su imperfección, nos lleva a un terreno movedizo donde nos movemos con mucha dificultad.

Esta circunstancia, presente en todas las facetas de la vida, resulta muy llamativa en las organizaciones empresariales, de suerte que cuando alguna de las personas que allí trabajan se aventura a proponer algo, el resto del personal saca lo peor de sí mismos -como cuando conduces más o menos-, y es entonces cuando se demuestra -desde mi punto de vista- el compromiso con el proyecto empresarial, más allá del estricto cumplimiento del horario.

Pavor a los cambios

Hace no mucho una compañera de trabajo me dijo que lo ideal sería que las personas empleadas en la compañía no vinieran únicamente a trabajar, sino a construir un proyecto conjunto. A ello se suma esto del «intraemprender», que últimamente suena mucho.

Realidad

Sin embargo, bajando a tierra, la práctica de todo esto resulta complicado. En un contexto un tanto complicado, con unas relaciones laborales-empresariales marcadas por la desconfianza y heridas por enfrentamientos no resueltos, resulta complicado infundir eso del «construir».

Y no digamos ya lo de sugerir algún cambio…

Todas las personas estamos instaladas en nuestra zona de confort, nos manejamos en nuestro marasmo diario y ojito con lo que se propone porque… aunque nos parezca genial para otras personas de la organización, cuando nos toca la fibra sensible (o sea, nuestro modelo de trabajo), la cosa cambia.

Todo esto me toca muy de cerca a partir de ciertos cambios acontecidos en mi vida profesional, y que me permiten ver las cosas desde otro prisma.

Comprometerse con el proyecto de negocio, y estar abierto a procesos de cambio, resulta -a mi entender- ser vital no ya para el emprendimiento como tal, sino para la vida diaria de los procesos empresariales ya consolidados.

Cambio

Y aquí queda mucho trabajo por hacer, no sólo en el ámbito estricto de las empresas, sino en un contexto que va más allá y que se extiende al propio contexto cultural de la sociedad en la que vivimos, donde por defecto el empresariado es un ser malvado y sin escrúpulos y trabajar por cuenta ajena es por defecto estar abocado a la explotación y al despropósito.

Cambio

Empezar a desterrar estos conceptos exige un trabajo arduo, puesto que a veces no está exento de realidad, y hete aquí que todos esos libros blancos en los que se está trabajando con supuesto ahínco, deberían tenerlo en cuenta…

ga('set', 'userId', {{UA-61786709-1}});
A %d blogueros les gusta esto: