«Todo emprendedor con una buena idea sabe que tiene que transformarla en un producto válido y sostenible, que el mercado acepte».

Idea emprendedorTras el artículo sobre los «Gurús» -Gurúes según el DRAE-, me ha parecido oportuno rescatar y recomponer éste que escribí en julio de 2014, ya que creo que sigue de máxima actualidad.

Para poner en marcha un proyecto empresarial las técnicas «de toda la vida» nos dicen que debemos planificar, que debemos tener un Plan de Negocio, un Plan Estratégico, un Plan de Viabilidad, un Plan de Marketing, etcétera. Aceptando que todo ésto sea correcto y que sin planificación y control, el porcentaje de fracaso será mucho más alto que cuando sí la hay, me surge la siguiente pregunta:

«¿Cómo planifico lo que desconozco?»

Emprender en una empresa consolidada

Cuando una empresa ya existente emprende una nueva línea de negocio o innova en las que ya tiene funcionando, puede realizar su planificación sirviéndose del histórico de datos y de las tendencias de sus consumidores y/o clientes; tanto la elaboración de los planes, como su seguimiento y validación suelen ser realmente acertados y relativamente sencillos de realizar.

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Emprender desde cero

Pero ¿qué ocurre cuando un emprendedor pone en marcha una nueva idea, proyecto o producto?

En estos tiempos de extraordinaria incertidumbre, todavía se agudiza más el desconocimiento sobre como el mercado acogerá esa idea, proyecto o producto.

Lo ideal y normal es plantear un serio estudio de mercado, segmentación de los clientes y realizar todas las acciones planificadas que se consideren más adecuadas para la puesta en marcha… pero esto que parece tan normal,

¿Realmente es válido si, ni tan siquiera,  el cliente sabe exactamente si quiere o no el producto?

¿Cómo podemos hacer un estudio de mercado de un producto que no existe aún?

Desde mi punto de vista -ya sabéis siempre intentado simplificar y normalizar-, es cuando la creatividad del emprendedor debe ponerse en marcha para contrastar la bondad de su producto, posiblemente olvidándose de la excelencia. Al leer esto todos los “puristas” de las diferentes metodologías, apasionados de modas estratégicas, cobradores de planes que después sólo sirven para levantar el monitor del ordenador, se echarán las manos a la cabeza y dirán:

chackie chan este tio esta loco«este señor no tiene ni idea y va contra corriente».

A lo mejor puede ser que tengan razón pero siempre he considerado que por encima de la metodología, de la cual soy un ferviente seguidor siempre que sea adecuada a las necesidades reales de quien la utiliza, está el sentido común y las personas y, en estos tiempos, el sentido común me dice que ante la máxima incertidumbre el mejor método no debe implicar esperar al final del proyecto para saber si vamos por el buen camino.

Se entenderá mejor con un ejemplo. Un hábil desarrollador de software, con una buena idea, tenderá siempre a desarrollarla al máximo por inercia, teniendo en cuenta todas las características y variables que pueda, crea o deba incluir en sus propiedades; es decir, si desarrolla una nueva aplicación, tratará de que cuando salga al mercado sea prácticamente perfecta.

Este es el típico ejemplo de que lo perfecto puede llegar a ser enemigo de lo bueno. Aunque -aparentemente- pueda ser un producto deseado y/o necesitado por los potenciales clientes, no  tiene ningún tipo de información sobre si es o no, lo que los clientes quieren; por mucho que haga un estudio de mercado, es muy difícil conocer las preferencias de los clientes sobre algo que no saben si necesitan y que ni tan siquiera se habían planteado tener, así que mucho menos conocerán que aspecto prefieren para usarlo, si lo van a usar.

A partir de ésto,  es donde planteo un nuevo modelo para la puesta en marcha de proyectos de emprendimiento, en lugar de «invertir» una enorme cantidad de horas de trabajo para poner en el mercado el «re-cojo-producto perfecto», que no sabemos sí nuestros clientes quieren…

images991EGS1F¿no es mejor sacar una versión «beta» de fácil entendimiento y probar su bondad?

¿A alguien le suena este modelo de éxito?

¿Por qué no lo usamos para emprender?

Parece de perogrullo, pero a quienes nos gusta el trabajo bien hecho, hacer algo así nos parece anatema y resulta difícil poder comprenderlo y ponerlo en marcha. Esta «mentalidad de lo perfecto» no siempre ayuda a un emprendedor o empresario a tener éxito; es más, puede llevar al fracaso o lo que es peor, a la ruina, pues en un símil cirquense, supone invertir hasta «la red» en el proyecto y así, la caída será libre.

Pensemos con lógica. Hoy en día, sobre todo en entornos de nuevos productos que no puedan dañar la salud ni el bolsillo, los clientes son mucho más receptivos al «ensayo/corrección» y más que un producto perfecto, lo que esperan es una buena respuesta para su actualización o mejora. Por otra parte, el emprendedor o empresario no puede arriesgarse a esperar, después de invertir mucho dinero, tiempo y trabajo, que el producto tenga éxito, en medio de una total incertidumbre.

Emprender con red

Si bien es verdad que de donde más se aprende es de los fracasos, siempre será mejor aprender de menores disconformidades que han costado poco dinero y horas de trabajo.  Esto es, ser un emprendedor con red, que no de un «batacazo» que después de muchísimo trabajo, dinero e ilusión, nos lleva al pozo más profundo y del que se hace más difícil salir, esto es, ser un emprendedor sin red.

Emprender con red

Resumiendo, mi propuesta es: utilicemos metodologías con sentido común. Ayudar y acompañar a un emprendedor no consiste en hacer un tocho de papel bien cobrado. Un emprendedor necesita que le ayudemos a modelar y planificar su proyecto, pero lo que más necesita es que le acompañemos hombro con hombro en el camino a recorrer; entonces seguro que estará dispuesto a pagar nuestro trabajo -de asesoría o consultoría- de forma mucho más satisfactoria.

Aún reconociendo cierta parte de razón en la cita:

«los consultores son a las empresas, como los eunucos lo son al amor» 

es decir, expertos en teorizar y decir lo que tienes que hacer pero a su vez, incapaces de hacerlo. Los profesionales de la asesoría y consultoría, especialmente los que nos hemos decidido a ayudar a nuevos empresarios emprendedores, debemos de velar por la profesionalidad, por la ética y, sobre todo, por el bienestar de nuestros clientes.

Al éxito se llega por la persistencia en el aprendizaje continuo, el buen hacer y sin dejar de lado la planificación de la incertidumbre aunque parezca un contrasentido.

About Rafael Pros

Tras más de treinta años en dirección y gerencia de grandes empresas, es un apasionado por la ayuda a emprendedores, personas y empresas en la definición de una estrategia empresarial coherente y -especialmente- en analizar y poner a prueba estudios de viabilidad, siempre buscando objetivos concretos y sensatos. Actualmente desarrolla proyectos de franquicia integrales con excelente resultado.
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