Hace unos días estuvimos en el II Foro de Emprendimiento e Innovación Social organizado por Jovesolides y otras entidades adscritas a la Red Creactiva, en Valencia.

El Foro se inspiraba en un triunvirato clave: creatividad, pasión, participación. Tres instancias -a mi juicio vitales y transversales- para abordar cualquier proyecto único, sea personal o profesional. Y es que esto del emprendimiento social, que nos parece tan innovador y tan necesario, bien mirado, es como algo de Perogrullo y denota una perversión absoluta de la visión que hemos llegado a tener del hacer empresa. De total actualidad por su yuxtaposición con el escándalo Volkswagen. Acción social frente a codicia, colaboración para mejorar versus corrupción enquistada.

Quiero decir con esto que hacer empresa, emprender, gestar proyectos, debería tener el talante y la intensidad que hemos vivido estos días en Valencia, con tanta y tanta gente de nuestra geografía, de Italia, de Suecia… todos unidos por el vínculo común de poner en marcha un proyecto que irradie alternativas para el resto de las personas. Y si fuera así conocido como algo normal, unir «emprendimiento» y «social» resultaría un poco reiterativo, porque qué puede haber más social que emprender actividades nuevas en nuestro entorno para mejorarlo, de una u otra forma. En fin, esto da para mucho debate, a buen seguro interesante…

Acción social frente a codicia

En unas sesiones de ritmo frenético, hemos conocido interesantísimas iniciativas para fomentar el emprendimiento entre el público más joven, desde campus hasta experiencias compartidas para reconocer nuestros valores personales. Hemos detectado el incipiente auge del urbanismo amable y sostenible, donde la ciudadanía se deja oír en sus demandas de construcción de ciudad, como construcción de ciudadanía, de sociedad y de identidad. Hemos hablado con personas anónimas, entusiasmadas con ideas para apoyar a personas desempleadas, para luchar contra la corrupción, para hacer un periodismo real, sin condicionantes…

Este tipo de experiencias me reafirman en la necesidad de acudir a este tipo de encuentros de vez en cuando. Porque además de hacer contactos y compartir iniciativas, es un verdadero chute de ánimo, un subidón para seguir trabajando en aquello en lo que creemos.

chute de ánimo

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