Construir personas

El otro día estuve leyendo unas interesantes conclusiones extraídas de un informe de Cáritas, sobre la importancia de introducir a la chavalería en la participación ciudadana, como factor importante para construir una sociedad mejor.

Parece una cuestión de perogrullo, pero lo cierto es que últimamente -no sé si por la crisis o porque ya tocaba-, estoy observando un sinfín de referencias y llamadas de atención sobre la importancia de fomentar el espíritu emprendedor desde la infancia, formándola más allá del puro conocimiento técnico: inteligencias múltiples, inteligencia emocional, el modelo finlandés… Es como si de repente nos hubiéramos dado cuenta de lo necesario e importante que es «construir personas».

En este contexto, me gustaría señalar la necesidad de sumar a esta corriente, el interés en fomentar el espíritu emprendedor desde el inicio del proceso educativo. Alguien leerá esto y se acordará de otro artículo que anduvo circulando por las redes no hace mucho tiempo, y donde se destacaba el -tal vez- empacho de emprendedores que tenemos en la piel de toro en el último quinquenio, avivados por la crisis, las medidas gubernamentales, y una comunicación partidaria e interesada que ha tergiversado, sin duda, el concepto en toda su extensión.

Abraham Maslow

Fomentar el espíritu emprendedor

Cuando hablamos de fomentar el espíritu emprendedor no podemos quedarnos en el reduccionismo interesado de «montar empresas». Crear chiringuitos de negocio como churros, motivados muchas veces por la necesidad de sobrevivir, no corresponde ni mucho menos, con el espíritu emprendedor. Queda en el límite de las necesidades primarias de Maslow, me atrevería a aventurar.

Promover el espíritu emprendedor es fomentar habilidades, capacidades y aptitudes que ponen a la persona en la posición óptima para afrontar su camino vital, le dota de las herramientas necesarias para responder a los retos que en su vida personal y profesional, termine o no por ser empresario, aparecerán seguro.

No lo digo yo. Además de filósofos como Jose Antonio Marina, la Comisión Europea o la OCDE ya han hecho hincapié en esta cuestión. En línea con esta corriente, han surgido también en los últimos tiempos iniciativas que quieren tocar este asunto, pero que de nuevo y desde mi punto de vista, se quedan en la superficie. Montar grupos con el alumnado de Secundaria por ejemplo, para que monten empresas ficticias durante el curso está bien, pero se queda ahí, una anécdota, un proyecto más dentro del currículum.

Saltar charcos

Educar en la competencia del emprender requiere una reflexión profunda que va más allá de actividades puntuales dentro del curriculum escolar de un determinado centro. Supone la identificación del contenido de dicha competencia para darle una aplicación transversal en todo el itinerario educativo, de manera que se pueda ir evaluando progresivamente, detectando las habilidades de cada persona y orientando adecuadamente sus capacidades.

Se trata por tanto de un proceso complejo a la vez que apasionante, porque en definitiva supone dar la vuelta a un modelo educativo, el nuestro, completamente trasnochado. Se trata en definitiva de formar a ciudadanos y ciudadanas activas, comprometidos con su entorno, capaces de reaccionar y solventar problemas. Crear por tanto una ciudadanía intraemprendedora.

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Alcanzar ésto, representaría un logro extraordinario en esta sociedad nuestra, acostumbrada a denostar el fracaso, a hacer de la crítica fatua una profesión lustrosa, y a denostar la figura de la persona empresaria (cosa que por otro lado se ha ganado a pulso con esta corruptela bananera que se nos inyecta en sangre día a día, desde nuestra más tierna infancia).

Así pues, a nosotros y nosotras, como ciudadanía más sensibilizada tal vez con esto del emprendimiento y la acción, nos corresponde definir programas que hagan posible ir introduciendo esta necesidad, poco a poco, en los modelos educativos de nuestro entorno. De lo local a lo general. De eso se trata.

¿Te apuntas?

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About Sonia Prieto González

Licenciada en Derecho Económico por la Universidad de Deusto, y Master en Asuntos Relacionados con la Unión Europea, lleva implicada en cuestiones relacionadas con el emprendimiento desde que comenzó su vida profesional. Experta conocedora del universo de las subvenciones públicas y los programas europeos y ha focalizado su interés profesional en el desarrollo de proyectos de índole social, donde despliega su actividad fuera de su horario de trabajo. En 1998 fundó la consultoría de proyectos europeos «Gestores Europeos», radicada en Bilbao y en la actualidad trabaja como consultora de negocio en Ibermática S.A. donde desempeña actividades relacionadas con la calidad, la organización interna de proyectos y el análisis. Alguno la ha definido dentro de la empresa como: la consultora que hace las cosas «guays», y aunque es un poco heterodoxa, desde luego es la que mejor la define. Porque se atreve con todo. Es colaboradora en CEAR Euskadi y en grupos de trabajo del Colegio de Abogados de Bizkaia. En la actualidad está enfrascada en eCivis, antena social para el empoderamiento de la ciudadanía desde el conocimiento, el emprendimiento y el ejercicio consciente de los derechos, donde está poniendo en marcha diferentes proyectos apoyados por diversas entidades públicas a nivel local.
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