Crisis…

Si echo la vista atrás, cinco, seis años a lo sumo, constato con una irreparable tristeza que muchos de los sueños de gran número de personas se han venido abajo, se han aparcado y el contador sigue sumando -inexorable- diríase que taciturno, impertinente ante las exigencias que se nos imponen en el día a día.

Hay tantos sueños atrapados que hemos de reinventar al flautista de Hámelin para que sea la derrota a la que haga desaparecer; necesitamos píldoras de emoción, eso sí, recubiertas de una película de ternura porque en el camino se ha quedado una parte nada desdeñable de alegría.

reinventar al flautista de Hámelin

Pero… ¿hasta qué punto algo puede comenzar cuándo ya es demasiado tarde, cuándo ya se ha deshojado cualquier atisbo de verdor?, ¿hay algún momento de la vida en que sea «ya tarde»? NO. Así de conciso y claro: NO.

Nuestra capacidad de adaptación -no confundir con la capacidad de aceptación- viene adherida a nuestro ADN, por ello tenemos que hacer de la adaptación todo un reto.

No hay fórmulas mágicas, sólo la clara conciencia de saber que no podemos fracasar como sociedad, porque es en los momentos extraordinarios donde sabemos realmente cómo somos, hasta donde podemos ser capaces de llegar y se produce el reto de reconocernos; por ello las iniciativas han de emocionar, de arrastrarnos, de sabernos dueños sino de nuestro futuro, sí de nuestras ideas, de sabernos árboles, dueños de nuestras raíces y cuidadores de nuestras ramas.

sabernos árboles, dueños de nuestras raíces y cuidadores de nuestras ramas

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About Ángeles Manzaneque

Emprendedora sin saberlo, embarcada en un sueño junto a su marido hace muchos años y que con el tiempo se ha convertido en su medio de vida. Lectora empedernida, comprometida con aquello en lo que cree, defendiéndolo pese a quien pese. Escribe porque por su sangre corren las letras hasta llegar a su mano que las dibuja con delicadeza sobre un papel.
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