Últimamente el nivel de cultura en la media poblacional es escaso. A lo largo de los años, ciertos factores han afectado a la ciudadanía, de manera que ha incrementado la desinformación, el desinterés cultural, la carencia de compresión escrita, el mal uso de la gramática y ortografía… Además del analfabetismo registrado en diciembre de 2012 en un 2’3% de la población total nacional, del cual el 0’5% son jóvenes de entre 25-35 años (según base de datos del INE).

En numerosas ocasiones, se nos brinda la oportunidad de darnos a conocer, a título particular o empresarial, en entrevistas, reuniones y presentaciones donde deberemos transmitir cierta seguridad en nosotros mismos y en el dominio de diversas materias para afianzar la confianza de aquellos que se hayan fijado en nuestro trabajo.

Lo que muchas personas no comprenden, es la importancia de cultivar las mentes para tener finalmente esos resultados que el futuro cliente o demandante espera.

 Hoy en día, puede parecer un misterio lo que los demás esperan de ti. Pero, ¿realmente es tan compleja la solución a tal enigma? Propongo buscar la respuesta en la cultura y los procesos de socialización, es decir, en las interacciones con actores y herramientas que resulten en un aprendizaje para la persona, bien sea de una manera formal desde las instituciones, informal a partir de las redes personales y familiares, o de una forma social, formándonos en habilidades sociales, la interacción o los valores personales y de grupo.

Interés social con respecto al medio.

La sociedad avanza generacionalmente y con ella surge un cambio paulatino que sustituye -con las tecnologías- la realización de tareas «motus proprio». Esto genera una calidad de vida mayor, que va de la mano de una comodidad majestuosa, acostumbrándonos a un desinterés social acerca de temas como el arte, la música o las teorías clásicas predecesoras de la economía y política actuales.
La excepción son los idiomas, que poco a poco toman una mayor relevancia y las nuevas generaciones van adquiriendo una base idiomática mayor, tanto en inglés como en francés, alemán, italiano e incluso chino y árabe. Aún se está a años luz de lograr un bilingüismo escolar, aunque ya se esté trabajando en planes integrantes de segundas lenguas, como puede ser el Proyecto BEDA.
Puede que la solución a esos datos iniciales tan alarmantes, estuviera en una mayor propaganda cultural, unos ciclos de debates y conferencias más habituales por parte de doctores sobre sus materias –no sólo para un público universitario-, aplicándolas también a casos actuales como referencias ejemplares, o quizás algo más sencillo como una reducción de coste de entradas generales de museos, que solo registran al turismo como consumidores de sus instalaciones, lo que a medio-largo plazo seguramente resultaría más que rentable.

Guernica, Pablo Picasso
Fotografía Guernica de Picasso, ilustrando la revolución de 1936. Actualmente expuesto en el Reina Sofía. Recordando la expresión “Guernica llora” para aplicarla como crítica irónica en el tema cultural.

Pero la cultura y la educación son claramente las bases que conforman el carácter de un individuo, impresiones y sabiduría mínimas, a partir de las cuales se puede desarrollar de una manera más eficiente la propia corriente de pensamiento y que denote personalidad.

Otras maneras de culturizarse.

Nuestra vida se desarrolla en diferentes entornos, pero la semejanza es que todos éstos son capaces de aportarnos algo, por insignificante que pueda parecer.
No siempre es necesaria una búsqueda intensiva en bases de datos o en enciclopedias y diccionarios, ni mucho menos. La atención que se presta a los profesores en sus explicaciones, en colegios, institutos, universidades y cursos, supone la adquisición informativa formal y pueden resolver muchas dudas internas.
También el hecho de escuchar a las generaciones anteriores a la nuestra. Ya sean conocidos, familiares o compañeros de trabajo, pueden aportarnos visiones distintas y datos que desconocíamos por el hecho de no contar con el factor de la experiencia. Estas fuentes son conocidas como informales, es decir, no nos forman como expertos al cien por cien, pero sí son básicas -primarias-, incluso necesarias, para llegar a desarrollar todo nuestro potencial de sabiduría. A raíz de ir completando pieza a pieza nuestro puzle de conocimiento general, se logra realmente el calificativo de «experto».
Gozaremos así del verbo ser, no del parecer. Reflejaremos además una conciencia social, abierta a conflictos como el de americanos e israelíes, canadienses y saharauis… dispuesta a preocuparse por los problemas internos, por los sistemas e instituciones públicas.
Valores como respeto, tolerancia, atención al prójimo, -estos que achacamos muchas veces a una parte de la religión católica pero que van más allá y que se tratan en la ética y la moral fundamentales-, son en verdad las normas que, si lográsemos inculcarlas en cada individuo, regularían nuestra sociedad. Pero ello requiere una capacidad de razonamiento a partir del conocimiento adquirido por la información.

About Cristina P. Simón

Se auto describe en una palabra: Socióloga. A partir de la mirada analítica, el pensamiento crítico y el amor por el arte de la buena escritura, no descuida la estética literaria a la hora de plasmar sus hipótesis, incluso sus meras opiniones, ya sea desde una pluma, un bolígrafo o un teclado. Amante de la disciplina del estudio -actualmente, realiza el Grado Superior de Sociología en la Universidad Carlos III de Madrid- y la educación -cuenta con el título de educadora social, gracias al Curso de Oficial de Monitores en 2015 por la Junta de Castilla y León-. Con ganas infinitas tanto de aprender, como de enseñar. Su curiosidad por las sociedades a nivel global, la han llevado a ampliar sus conocimientos idiomáticos en lengua inglesa y francesa; y tiene el placer de pertenecer a las comunidades universitarias de la Boston University en Boston, MA, y la Jyväskylän Yliopisto en Jyväskylä, Finlandia, como alumna en Psicología Social y ciencias sociales.
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