Acostumbrados a las antiguas pirámides, en donde un líder desde lo más alto era quién dirigía al equipo desde la cima hacia la base (organización vertical de arriba hacia abajo), ahora la tendencia es destacar cada miembro del grupo por especialidades, en según qué momento de los proyectos se encuentren, sin que haya un líder absoluto (organización horizontal).

Un líder de tipo vertical, desde siempre, se ha rodeado de otras personas mucho más sabias que él en muchos campos. Esto en ocasiones no era patente dado que sólo este líder era el portavoz de la misión.

Actualmente todo cambia, en los grupos hay varios portavoces teniéndose la valentía de compartir la dirección y sus responsabilidades en según qué etapa de desarrollo se esté en una acción empresarial.

La organización horizontal es mucho más efectiva al permitir que cada persona involucrada pueda tomar decisiones dentro de su campo como experto, de igual a igual, sin verse limitada por valoraciones de responsables que no conocen las materias tan profundamente, sólo por el mero hecho de que se encuentren por encima en la escalera de la pirámide laboral.

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Es más, en ocasiones se recurre a individuos totalmente ajenos a los procesos para tener sus valoraciones sin ser expertos, por el mero hecho de que se detectan aspectos que estando dentro de la misión no se aprecian.

Con esto puede concluirse que toda persona puede resultar válida a la hora de trabajar, si se le da la oportunidad de participar de forma abierta y organizada horizontalmente.

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